jueves, 31 de mayo de 2012

EMOTIVO HOMENAJE A JUAN CARLOS COBIAN EN "LA CASITA DE MIS VIEJOS" EN BAHIA BLANCA


   Cantantes y músicos de tango, personas allegadas a esa música y familiares del reconocido compositor y pianista Juan Carlos Cobián  junto al Director del Instituto Cultural Sergio Raimondi y otras autoridades municipales participaron hoy del descubrimiento de un baldosón en su homenaje, en la vereda de la que fuera su casa, en Moreno al 300.

    Cobián nació el 31 de mayo de 1896 en Pigüé y a los pocos años se trasladó con sus padres a Bahía Blanca, antes de partir rumbo a Buenos Aires, donde cobró notoriedad y se consagró como uno de los clásicos del género.

    Entre sus composiciones se destacan Los mareadosNostalgias,Niebla del riachuelo o La casita de mis viejos, "dedicada a la casa que existió en el solar del Moreno 310", según consigna el cartel de la referencia histórica.

    "Son temas que están en la mente de todos los argentinos, aunque no les guste el tango", dijo la cantante bahiense Gaby, durante el acto por el 116 aniversario del nacimiento de Cobián.

    "Agradezco a esta gente que constantemente renueva los homenajes", dijo Alberto, un sobrino nieto del compositor.

    "Estaría bueno que la gente joven se interiorice de la vida de los músicos famosos", agregó Rodolfo, otro sobrino nieto.

    "Por su mística tanguera, Bahía es la ciudad más importante del país, después de Rosario y Buenos Aires —aseguró el productor de espectáculos José Valle, productor del homenaje—. Acá nacieron Marambio Catán, Carlos Di Sarli,Francisco Amor,  Roberto Achával, Augusto Berto y Armando Lacava."

  Los homenajes continuarán el sábado en Pigüé, su ciudad natal, donde colocarán una plaqueta alegórica realizada por el artista fileteador Pedro Araya. Y por la noche habrá un show en el Teatro Español con artistas locales y nacionales de tango.

martes, 29 de mayo de 2012

Alicia: la consideran "la heredera" de Cristina

Su imagen sigue creciendo y en los últimos días pareciera que se consolida como la futura candidata oficialista para suceder a su cuñada, Cristina Fernández. Es que más allá de su tarea desde el Ministerio de Desarrollo Social, Alicia Kirchner quedó muy bien posicionada después de un sondeo que encargó el Gobierno en la provincia de Buenos Aires, en desmedro de su sobrino, Máximo Kirchner. 

Luego del discurso de la Presidenta del 25 de Mayo, cuando aseguró que "hay que transferir" el poder y descalificó a los que hablar de eternización, muchos dirigentes del Frente para la Victoria miraron a Alicia Kirchner y analizaron que ella podría ser la elegida para intentar suceder a Cristina en el sillón de Rivadavia. 

En ese sentido, la ministra comenzó a tener una mayor exposición mediática y salió a posicionarse con discursos de fuerte contenido político y de defensa de la gestión. "Estamos empeñados en elevar la calidad de vida, en generar empleo, porque el trabajo es el mejor organizador social", dijo ayer en una nota de opinión en el diario Tiempo Argentino. "Lo que nos importa es lograr, para los que piensan como nosotros y para los que no lo hacen, algo tan simple como la felicidad del pueblo y la grandeza de la Nación". 

Alicia destacó que "no es casual que la Organización Internacional del Trabajo, en su Informe 2012, sobre el empleo en el mundo, rescatara las mejoras en América Latina, en desmedro de lo que está ocurriendo en los países centrales". 

Al respecto, la funcionaria remarcó que "en los próximos años, este mundo que se dice civilizado, habrá alcanzado (si los países de la Eurozona siguen con sus políticas de ajuste) 205 millones de desocupados, y esa desocupación alcanzará, sobre todo, a los jóvenes". Y se preguntó: "¿alguien hubiera imaginado hace unos pocos años este retroceso?. ¿Lo intuían siquiera los supuestos expertos que nos empujaban a seguir las políticas neoliberales dictadas por los países centrales a través de los organismos multilaterales de crédito? ¿Lo anticipaban acaso las notas de fondo de los principales medios argentinos?". 

Sin embargo, continuó, hay quienes "se quejan por las reformas a la Carta Orgánica del Banco Central, o sin argumentos hablan de falta de políticas de Estado para mantener la bonanza, a la que además le auguran corto plazo" y "se niegan a reconocer las industrias abiertas en estos nueve años con los 5 millones de puestos de trabajo generados y tampoco reconocen que la Argentina tiene el menor índice de desigualdad en América Latina".

lunes, 28 de mayo de 2012

Los mejores chimentos políticos y de sociedad


Pablo Perez Companc presento su propia revista de autos. Con el mismo bajo perfil que caracteriza a toda su familia, Pablo Perez Companc se manejó para el lanzamiento de su nuevo emprendimiento: una publicación premium dedicada a una pasión que el 24 de marzo de 2007 y en Estados Unidos casi le cuesta la vida: los autos. Y no cualquier bólido sino, como escribe él mismo en el editorial del primer número: “Los de potencia mezclada con aluminio, fibra de carbono y mucho pero mucho caucho quemado”.
En la disco Tequila, un ámbito que cuesta asociar a los Perez Companc, Pablo reunió a muchos amigos y sobre todo a dos de sus hermanos Luis –tan “tuerca” como él– y Rosario, quien con su marido y sus hijos –y amigos de éstos– dejó por unas horas la tranquilidad de San Antonio de Areco. En otro arco de la disco se ubicó la familia Fontán Balestra en pleno: Carlos y Pompi con dos de sus tres hijos y su embarazadísima nuera, Jimena Leiguarda, en cuya editorial se imprime Evo, tal como se llama la publicación de Perez Companc. Entre los invitados, varios de los cuales no distinguían quien era el anfitrión, se ubicaron Debora Bello, Flavia Palmiero y Karina Jelinek y su marido quienes dieron un breve espectáculo de besos y abrazos minutos después de llegar. Quien sí sabía entre quienes estaba fue Cocho López que se fue muy feliz de la fiesta con los dos pasajes a Miami que se ganó durante el sorteo.
Con Soldi en la mente. Mientras la Justicia sigue con la investigación del destino de los cuadros robados a un elusivo abogado de Villa del Parque y habiéndose puesto a disposición de la ley, Ignacio Gutiérrez Zaldívar tiene la cabeza puesta en dos proyectos muy importantes. Uno es estrictamente personal, la organización del casamiento de su hija en noviembre próximo. El otro, profesional, es la concreción de una exposición del artista a quien él ya le había rendido tributo en vida: Raúl Soldi. Y por ello se reunió esta semana con autoridades del Museo Fortabat que sería el lugar elegido para la expo. Siendo uno de los protagonistas principales del mundo de los galerías vernáculos –regido muchas veces por celos y odios que harían ver como Heidi a las rencillas de Carmen Barbieri y Moria Casán– apenas llegó de Sudafrica, Zaldívar recorrió ArteBA ante las sutiles miradas de algunos locales. Fuera de la feria en un par de subastas de esta semana, los rematadores en acotaciones poco felices con referencia al marchand a la hora de exhibir piezas de artistas como Fernando Fader.
La mesa chica. Oscar Lescano encontró la fórmula perfecta para poder ocuparse de sus asuntos laborales sin abandonar la mesa de su restaurante preferido. Durante muchos años, el hombre fuerte de Luz y Fuerza fue un abonado al restó Marcelo de Puerto Madero. Tenía una propia mesa junto a uno de los ventanales donde prácticamente todas la noches reunía a colegas y amigos. Pero desde que estalló la batalla por la conducción de la CGT y el enfrentamiento del moyanismo con el kirchnerismo, dejó de aparecer por el lugar. La explicación: mudó su base de operaciones a otro restaurante ubicado dentro del hotel que pertenecía a su gremio, en Recoleta. Es que al parecer, logró que los dueños de Marcelo se hicieran cargo de gestionar este lugar en plena Recoleta, y así Lascano se aseguró una mesa personal.
Cortinas de humo. Los muchachos de La Cámpora, cultores a tiempo completo de la rebeldía simbólica, no se privaron de desplegar su irreverencia ni siquiera en el vuelo que traía de regreso a los empresarios que viajaron en misión comercial a Angola. En el mismo avión charteado que trasladaba Guillermo Moreno, estos jóvenes que integraban la comitiva decidieron ignorar las señales que prohibían fumar a bordo. El capitán de la aeronave llamó la atención porque los detectores que suelen estar ubicados en los lavabos y en los baños indicaban que había humo en los pasillos. Pero la advertencia fue inútil. Recién en su octavo ruego, logró que cumplieran con la normativa internacional y apagaran los cigarros.

Si hay paella, mejor. Animada jornada tuvieron los integrantes del bloque argentino de la Unión de Parlamentarios del Mercosur para definir nuevas autoridades. Mediodía y tarde con interminables actividades en la Casa de la Provincia de Buenos Aires antecedieron un soberbio after office en conocido restó del Centro porteño. Liderada por el histórico dirigente Osvaldo Mércuri (aunque ya no es presidente del organismo) y su esposa, María Elena Torresi, desfiló por el lugar una heterogénea fauna de políticos de diferentes distritos del país. Apenado por la crisis de Independiente, se dejó ver el senador provincial Baldomero “Cacho” Alvarez, que no fue el único bonaerense presente, pues lo acompañaron otros diputados y, a modo de visita de médico, el propio jefe de Gabinete de Scioli, Alberto Pérez. Hubo también representantes de otros distritos, muchos de ellos no quisieron perderse la posterior cena en el Museo del Jamón –que atesora envidiables reservas de jamón de Jabugo–, como las tres diputadas chaqueñas y “ultra coquistas”, como María Lidia Cáceres, Nancy Gersel y Wilma Molina. Ante la ausencia de Alejandro Amor y de los hombres PRO Bruno Screnci y Daniel Presti, autoexcluidos por otros compromisos, el subsecretario legislativo Pablo Garzonio resultó el único que pidió menú diferenciado y eludió una paella que, según comentaron, alcanzó la categoría de “histórica”.
En muletas. Muchos observaron por los pasillos de los Tribunales de Comodoro Py y del Palacio de Tribunales la destreza del el ex juez nacional en lo Criminal de Instrucción Mariano Bergés en el manejo de unas muletas con las que recorre ambos ámbitos judicales. Mariano es un fanático del fútbol, deporte en el que todavía despunta como un aguerrido jugador en los campeonatos organizados por el fuero criminal. Hace unos días, durante una justa deportiva, sufrió una grave lesión: fractura de tibia y peroné. Ello no le impidió continuar con su cruzada contra las barras bravas del fútbol y los dirigentes que les prestan cobertura. Bergés cobró notoriedad cuando en el ejercicio de la magistratura investigó y encarceló a encumbrados miembros de la 12 como Rafael Di Zeo.
Si la suegra se queja... La esquina de las avenidas Sarmiento y Libertador era un embudo típico en la tarde porteña. Una moto con dos hombres zigzagueó de pronto entre dos autos y uno de sus ocupantes se bajó corriendo. Encaró a uno de los vehículos detenidos en el semáforo, rompió el vidrio del acompañante con el puño y robó la cartera que estaba sobre el asiento. Luego, la moto escapó a toda velocidad. La conductora del automóvil atacado condujo como pudo algunos metros y estacionó. Mientras intentaba retirar los vidrios con la mano, fue asistida por un amable joven que había observado la situación. Pese al shock por el robo, la dama mantuvo la calma. “Siempre me dicen que no deje la cartera sobre el asiento”, decía. “Yo sabía que tenía que salir con el chofer”, comentó, y luego dijo que tomaría cartas en el asunto: “Qué bárbaro, ni un policía cerca había. Esto no puede ser, le voy a decir a Mauricio que esto no puede ser”. El Mauricio al que se refería Pomi Awada–la mujer afectada– no era otro que su yerno, el jefe de Gobierno.
Feriado y raje. Como si se avecinara una razzia impositiva, el jueves por la tarde, temprano, la Legislatura porteña se vació de funcionarios que viajaron por el fin de semana largo.
Nuevo debut. Con el lanzamiento del Partido por el Trabajo y la Equidad (Parte), su nueva corriente política, Alberto Fernández levantó el perfil en los últimos días y aprovechó para poner sus fichas a Daniel Scioli en la pelea que el gobernador bonaerense protagoniza contra el kirchnerismo ortodoxo. Pero, pese a su agenda laboral, el ex jefe de gabinete no descuidó el plano doméstico. A mitad de semana se lo vio apurado en el shopping Patio Bullrich. Fernández buscaba regalo para su pareja, la ex diputada Vilma Ibarra, que cumplió años el lunes.
Iniciativa paisana. Si la simpática iniciativa que promueven algunos legisladores de la oposición prospera en el Congreso, el diputado catamarqueño Pedro Omar Molas deberá soportar un nuevo apodo hasta el final de su mandato. Es que muchos opinan que el hombre debe ser rebautizado como Pedro “Poncho” Molas, en vistas del éxito que tuvo su proyecto para que Catamarca fuera declarada capital nacional de la tradicional prenda campestre.
Ramificados. Lejos está el sciolismo de contestar verbalmente los constantes embates de Gabriel Mariotto. Sí, en cambio, los hombres del riñón del gobernador se han acostumbrado en el último tiempo a responder con agrupaciones. A La Juan Domingo, ya reconocida en territorio bonaerense, se suman otras dos de reciente surgimiento. La más incipiente se denomina D.O.S., en honor a Daniel Osvaldo Scioli, y con el Grupo Descartes, que encabeza el ministro de Trabajo provincial, Oscar Cuartango, constituyen las nuevas armas del sciolismo. Las tres crecen bajo el ala de la jefatura de Gabinete bonaerense y buscan generar espacios para la militancia activa de adherentes que se encolumnan en la figura
del ex motonauta. Descartes presentó días atrás su página web oficial, y desde el espacio calificaron la nueva herramienta como “una vía más de comunicación” de la gestión sciolista y de “interacción entre militantes peronistas”.
¡Chito la boca! Mauricio Macri y el gobernador bonaerense comparten un anhelo: la presidencia de la Nación. Cada uno por su parte ha manifestado su intención en ese sentido con la salvedad de que Scioli anunció que se bajaría de esa pelea únicamente ante el escenario de que CFK reforme la Constitución y vaya por un tercer período. De lo que no han hablado ambos es de la posibilidad de una alianza que, en algunos sectores comienza a sonar cada vez con más fuerza pero, por ejemplo, en el PRO muchos veían lejana. Veían, claro, porque después de una reunión que se llevó a cabo días atrás en el Congreso, mientras una diputada macrista esbozaba una secuencia de críticas a Scioli, fue interrumpida por un colega partidario. Con voz de mando, el hombre le marcó la cancha: un nuevo mandato PRO recomienda no criticar la figura del gobernador. Sorprendida por la novedad no sólo quedó la esbelta diputada por la Provincia sino varios de sus compañeros de bancada.
Vino para todos. Algunos funcionarios deslizaron durante la misión comercial a Angola que el secretario de Comercio, Guillermo Moreno, ya está pensando en otros periplos similares pero por países de Asia. Y uno de los que aparece en la lista es Vietnam. El dato entusiasmó a bodegueros vernáculos que comentaban en un cóctel días atrás que el mercado es por demás tentador, ya que, por herencia francesa el consumo de vino de uva es alto, y el 100 por ciento de ese producto es importado.
Con la cabeza en 2013. La reunión de la última semana del Consejo Nacional del PJ, cuya relevancia se plasmó con la presencia de numerosos gobernadores, ministros y legisladores, dio nuevamente vida a la histórica sede de Matheu 130. El conclave puso certezas sobre la renovación de autoridades y en ese sentido había muchas conjeturas sobre algunos cambios de conducción. Pero la decisión de prorrogar los mandatos y llamar a elecciones partidarias para 2013 logró el consenso de la mayoría. La novedad más importante fue la creación de una comisión de acción política, un cuerpo colegiado que será órgano de consulta partidaria. Aunque, como es de esperar, será CFK la que tome la decisión final, ya se habla de elecciones unificadas en Ciudad y provincia de Buenos Aires, y de una lista capitalina encabezada por Juan Cabandié y Carlos Tomada. La gran incógnita es si el ministro que más años lleva en el Gabinete nacional aceptará secundar a un joven legislador k.
De festejo. Al cierre de esta edición continuaban llegando invitados al festejo por el cumpleaños número 43 del ministro de Educación porteño Esteban Bullrich. Esta vez la organización del evento, que congregó en una casa de Zona Norte a mayoría de familiares y algunos que otros amigos de la política, corrió por cuenta del mismo anfitrión y no de su esposa Uke, como en otras épocas.

domingo, 27 de mayo de 2012

Patriada Roja: Cantero está cumpliendo con lo que prometió en la campaña electoral. el resto de los clubes hace silencio de radio.

El director de una peña de una ciudad del noroeste de la provincia de Buenos Aires juntaba las manos, se mordía el labio de abajo y negaba con la cabeza. “¡¿Sabés que no lo puedo creer, sabés que no lo puedo creer?!”, repetía para sí mismo primero y luego para la gente que había hecho el esfuerzo. “Nos rompemos el culo para traerles a los jugadores y estos tipos se sacan las fotos con los barras”. Ahí estaban Carlos Tévez, Diego Cagna y Matías Donnet, recientes campeones de América 2003, a punto de firmar autógrafos, y una centena de pibitos amontonados alrededor de Rafael Di Zeo. Los padres de los chicos cortejaban ese cuadro, más aún, miraban con entusiasmo el acercamiento de sus niños al jefe de La 12.
A un costado de la escena, un vendedor, se quedaba sin stock de fotos. La más codiciada, la de la barra en la despedida de Angel Clemente Rojas en 2002, un amistoso en el que hizo lo que le estaba vedado en partidos oficiales, sacar y exhibir todos los trofeos de guerra de los equipos rivales.
Aquella peña del interior resulta un ejemplo equiparable al de la cancha. La barra se roba la escena y se legitima, con el acompañamiento del resto de los hinchas, en el marco de un estadio de fútbol donde rigen otros parámetros de los que mandan afuera.
La lucha de la violencia contra el fútbol tiene espasmos. El último, la patriada del presidente de Independiente, Javier Cantero, representante de Independiente Místico, una agrupación que reivindica la recuperación de la identidad del club. Esta valiente decisión de Cantero que incluyó apretadas de todos los colores y la licencia del vicepresidente, Claudio Klebaitis, estuvo acompañada esta semana por dos sacudones más, la amenaza a punta de pistola a Gio Moreno y la promocionada, aunque falaz, llamada intimidatoria al presidente de River, Daniel Passarella.
¿Quién puede estar en contra de la actitud asumida por Cantero? Asimismo, ¿cuánto puede durar una política que debe ser colectiva si la encarna una sola persona? Al cortar relaciones con la barra, el presidente de Independiente y su comisión directiva, tomaron una decisión que corresponde a otros ámbitos. El Estado es quien debe proteger a los clubes y proponer una política conjunta, no ellos resguardarse a sí mismos. En este último caso, las quijotadas solitarias están escritas en la historia con tinta de fracaso.
Cuando Antonio Alegre y Carlos Heller asumieron en Boca en 1986, el club tenía una situación equivalente a la del Rojo. Institucionalmente quebrado, y una barra, comandada por el calabrés José Barrita, dueña del club. El día de las elecciones, alguien de La 12, que apoyaba a Alberto J. Armando para que volviera al club y era declaradamente peronista (“no al radical Alegre que viene a robar”, cantaban), le abrió la cabeza con un piedrazo a la hija de Carlos Heller. Después del hecho, el presidente y vice electos parecían los encargados de la ruptura definitiva entre la dirigencia y la hinchada. El apoyo de la prensa y de los pares fue general, más vehemente que la recibida por Cantero en estos días. Empezaron rápidamente los problemas en la Bombonera, la hinchada tenía prohibido el ingreso y accedía por la platea. El caos se hizo normal. Meses después, la presión era tal, que el problema se arregló en la casa de Alegre, cena de por medio. El Abuelo supo ofrecer disculpas y logró liderar la barra hasta 1994. En todo ese tiempo, Barrita recibió plaquetas de reconocimiento en la cancha, se casó en la confitería del estadio, echó al Loco Gatti, fue a los mundiales y recaudó una fortuna de dinero, a nombre de la Fundación Jugador Número 12.
Otra caso simbólico lo encarnó el actual presidente millonario, Daniel Passarella. Durante 1993 en su primer ciclo como entrenador de River, Sandokan, jefe de la barra, fue a apretarlo durante una pretemporada a la playa. Algunos integrantes de aquel plantel sostienen que el técnico le pedía a los hinchas que se organizaran porque no podía darle dinero a todas las facciones. Otros, sin embargo, que estaba harto y se plantó. La cuestión es que Passarella no dejó dudas sobre su pugilato y, según testigos “arruinó a Sandokan”. Luego del hecho, se llevó al plantel al hotel porque sabía que la barra podía aparecer a respaldar a su líder. Suponían que en un ámbito más expuesto no se atreverían. La barra tiró los blindex del lugar; Passarella bajó y pidió pelear otra vez mano a mano. Sandokan accedió pero sacó una navaja y le cortó el brazo. Algunos testigos de la pelea, además de destacar el valor de Passarella, recuerdan con una sonrisa como el Tolo Gallego, escondido detrás de las columnas del lobby le decía: “¡Cuidado Daniel, cuidado Daniel!”.
¿Qué quedó de aquel Passarella? ¿Es el mismo que apañó la apretada a Claudio Pezzotta durante el último River-Belgrano? ¿Es el mismo que no puede sacarse la barra de encima a pesar de sus promesas electorales?
Cantero decidió bancarse con el cuerpo lo que dijo con la boca antes de las elecciones, un hecho aislado, no sólo en el marco de la dirigencia del fútbol. Desde su agrupación, miraron siempre con atención diferentes cuestiones que pasaban en el club, monitorearon de cerca los tumores imprescindibles de extirpar.
El líder, Pablo Bebote Álvarez, fue en estos años una suerte de chamán, un ser intocable para el que, entre otros prósperos proyectos, lideró esa deformidad que encarnó el justicialista Marcelo Mallo llamada Hinchadas Unidas Argentinas, una excusa para blanquear los negocios y recaudar dinero de cara al Mundial de Sudáfrica. Obstinado en esto, en febrero de 2009 Bebote apretó con armas de fuego al menos en dos oportunidades a los jugadores del plantel rojo, cuando éstos se negaron a su pedido: 10 pasajes Buenos Aires-Johannesburgo sin escalas.
Bebote, como los hermanos Di Zeo o como los Schenkler, representan al tipo de barra que adquirió caracterización en los ’90. Lejos de la imagen de hinchas iletrados de décadas anteriores, más aún del estereotipo del fanático de pañuelo a cuatro nudos en la cabeza, hicieron de ser barrabrava una profesión rentada, en connivencia con la policía como nunca antes, siendo fuerza de choque de las facciones de los partidos políticos como jamás existió registro, y mostrando su impunidad con grosera vehemencia, ante un Estado cruzado de brazos, que –literalmente– dejó vivir y dejar morir con su falta de políticas activas.
También son contemporáneos a una época donde los medios fomentaron la cultura del aguante y les dieron posicionamiento y chapa. Programas de televisión que mostraban el núcleo de las barras alabando su capacidad compositiva en un ranking, relatores de fútbol fogoneando la llegada de las hinchadas a los estadios y los hinchas, por supuesto, gozosos de la fiesta que encendían los del bombo, la bandera y la sombrilla… esa moral paralela que existe en la cancha, la de alabar a los delincuentes. Sólo por tomar un ejemplo al azar, los hinchas de Boca cantan desde hace años “Quiero jugar contra River y matarles el tercero…”: el 99,9% de quienes entonan no estarían dispuestos. Pero ese 0,1% que sí, es el que se legitima y saca rédito del negocio de los cantitos, disfrazado de amor a la camiseta. Quienes creían ver cultura en aquellos programas de las hinchadas, quienes suponían que mostrar los cantitos de los violentos era “jugar a la guerra, pero hacer la guerra”, que eso era “color y alegría”, tienen en las estadísticas de violencia en el fútbol argentino de los últimos 15 años la prueba de que la cultura que difundieron genera algo más grave que un amague de violencia.
Ante la ausencia de medios y periodistas que sigan de cerca y con valentía el tema (Gustavo Grabia escribió en 2009 un libro imprescindible llamado La Doce, la verdadera historia de la barra brava de Boca y es uno de los investigadores que más siguió las barras), fueron los violentos quienes, ante algún lazo que los unía al poder se rompía, se despacharon con algunas verdades, sobre sí mismos y su entorno. Cuando a Bebote le impidieron ingresar a Sudáfrica y tuvo que ver el mundial desde Avellaneda, estalló: “La AFA y el Estado no solucionan la violencia en el fútbol porque tienen intereses económicos. Sin ella no habría operativos de 1.200 policías ni subsidios millonarios para los Entes de seguridad deportiva. No se venderían cámaras, ni molinetes con huellas dactilares, vaya uno a saber quiénes integran esas empresas que le prestan servicios a la AFA como Rotamund, Santa Bárbara y Construcciones Prieto. Y si no hay violencia quizá se empiece a hablar de los 700 millones que se reciben de la TV, que son administrados por Grondona, que llegan en cheques a seis meses que los clubes deben cambiar en financieras y en ese lapso alguien se hace con 6,5 millones en intereses. O los jugadores, que los venden en euros y los hacen figurar en dólares. No somos los únicos malos de la película”. Nadie hubiese pensado mejor un estado de situación del fútbol modelo 2010. “Todo esto que pasa es culpa de los políticos, quienes cuando volvió la democracia nos utilizaron para ir a los actos y como fuerza de choque, y después nos pasaron a la clandestinidad y nos llamaron violentos”, afirma Luis, alias Cabeza de Poronga, lugarteniente del Abuelo, en un documental de la BBC llamado Foreign Field.
Cantero no puede enfrentar en soledad 30 años de historia, cimentados desde la corrupción de varias aristas de poder. Su lucha, sincera a ojos de todo el mundo, tiene el riesgo de ser la de un fantasma peleándole al viento. La solución de fondo es colectiva y escapa a la voluntad individual de lo que pueda hacer el presidente de un club
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sábado, 26 de mayo de 2012

En el nombre de Atahualpa

La escena transcurre en un bar de Buenos Aires, a comienzo de los años ’70. Mercedes Sosa, los integrantes del grupo Quilapayún y algunos periodistas toman café y conversan animadamente sobre música y política. Es tarde, todos vienen de una noche de actuaciones y otros fervores y de pronto alguien plantea, a modo de desafío a ser saldado, una pregunta descomunal: ¿Atahualpa Yupanqui o Violeta Parra? ¿Quién es más grande como artista popular? ¿Quién representa más cabalmente a esa América latina que parece estar en su mejor hora?
Rápidamente se suman argumentos de uno y otro lado. Violeta ya no está, pero su nombre no deja de crecer. Atahualpa está, pero lejos, en París. A medida que avanza la noche, la mesa tiende a favorecer a Violeta, si bien por un margen mínimo. No está dicha la última palabra. ¿Quedará sellado un veredicto a favor de la chilena?
Mercedes Sosa ha permanecido callada. Quizá no está del todo cómoda. Ella no es de intervenciones brillantes. Hablando no se siente muy segura; su autoridad está en el canto. Pero de pronto alza la voz, y con un golpe de puño sobre la mesa exclama: “¡Pero déjense de pavadas! Yupanqui es único”. La discusión se apaga de inmediato, y quienes la han fogoneado ahora buscan a tientas, casi avergonzados, otro tema, algún asunto que recomponga enseguida la camaradería latinoamericana.
Al decir que Yupanqui es único, Mercedes no ha dicho que sea más grande que Violeta Parra. Tampoco ha sostenido que sea menor. Lo que Mercedes ha sentenciado de modo inapelable es que no existe medida para Yupanqui. Así de simple, aunque en verdad es un tema muy complejo. A un siglo de su nacimiento, Yupanqui sigue siendo un tema complejo. Fue único no en el sentido humanista con el que decimos que cada ser humano lo es. Tampoco por su talento: la historia argentina abunda en artistas talentosos. La singularidad de Yupanqui refiere a la conformación misma del folclore como género de música popular.
(...) Su figura es tan poderosa, su poesía y su música tan perfectas y su nombre de tan profundas resonancias –Atahualpa Yupanqui es casi una categoría moral del arte, un ideal que enaltece al que lo busca–, que tenemos la impresión de que existió siempre, de que es el clásico de los clásicos de la Argentina. De que siempre, desde el principio de los tiempos, hubo un Atahualpa con su guitarra presidiendo la canción popular de los argentinos. Obviamente esto no es así: ¿no es sorprendente enterarse de que “Luna tucumana”, su canción más famosa, fue grabada por su autor recién en 1957, cuando sus compases habían sido memorizados por más de una generación?
Cuando Atahualpa empezó a grabar discos con cierta frecuencia, a principios de la década del ’40, la palabra folclore tenía alrededor de un siglo de uso. Andrés Chazarreta había debutado en Buenos Aires dos décadas antes y los músicos más destacados de la primera oleada de folclore en la Capital no eran más jóvenes que Yupanqui: él se formó con muchos de ellos, tocando a su lado. ¿No es increíble que su nombre casi no existiera en la prensa de la década del ’30, cuando Gardel ya era un mito nacional?
(...) Si nos atenemos a sus dichos, Yupanqui deseaba convertirse, con los años, en un anónimo. Deseaba desmaterializarse en medio de la correntada del canto popular. En alguna oportunidad, siendo víctima de una férrea censura, asistió a un restaurante donde unos músicos estaban tocando una canción de su autoría. El presentador lo reconoció y se apresuró a anunciarlo: “Acabamos de escuchar el tema de un autor anónimo que nos honra con su presencia”. Décadas más tarde, Divididos hizo una versión medio blusera de “El arriero”. Tal vez alguien creyó que aquella canción era del grupo, o que era tan anónima como “Duerme negrito”, pieza de dominio público que Atahualpa solía cantar. De todas maneras, más allá de la circulación irregular de su repertorio y del escaso conocimiento que se tiene de su vida y sus circunstancias, Yupanqui no se ha hecho anónimo, al menos no todavía. Quizás en otro tiempo, sus canciones sean, finalmente, leyenda sin nombre.
(...) A Yupanqui lo pensamos en relación con un paisaje que no es el de la ciudad. Al escucharlo o al leerlo, nos familiarizamos con un país sin luz eléctrica, sin automóviles y profundamente silencioso, con todo el silencio del que son capaces las piedras, cardones, arenas, algarrobos y aromos, los trigales suavemente mecidos por el viento. Pero Yupanqui no fue un paisajista: los sitios de sus canciones no están despoblados. Por ahí andan indios, criollos y gauchos. Cañeros y arrieros, mineros y peones de estancia. ¿O acaso al escucharlo cantar y tocar “Baguala de Amaicha”, “Minero soy” o “Milonga del peón de campo” no estamos ante las voces de los desposeídos de la tierra? ¿No son ellos los que cantan a través de Atahualpa?
Contra una visión rentista de la Argentina, contra ese nacionalismo territorial al que tantos folcloristas cantaron y le siguen cantando, Yupanqui optó por los habitantes expoliados. Prefirió discernir la composición social de su país antes que celebrarlo como una unidad intemporal. En tal sentido, fue agudamente político. En verdad, no defendió esencias sino más bien le cantó a ciertas temporalidades olvidadas, sus “hilachitas del viento”.
(...) “Un poeta no tiene biografía, su vida está en toda su obra.” A Yupanqui le gustaba repetir la máxima, que él decía haber hallado entre sus libros de poesía española. Pero, si la vida está en la obra, entonces el poeta tiene biografía, sólo es cuestión de saber encontrarla, primero en la obra y luego más allá. Encontrar la biografía en lo dicho por Yupanqui, pero también en lo silenciado; en lo que mostró y en lo que ocultó. Encontrarla suelta en libros, discos, cartas, recuerdos de sus amigos, recortes de viejos diarios, anotaciones en las paredes de una cárcel, fotografías borrosas en las que se percibe la modulación de un rostro.
Que Yupanqui ocupe un lugar germinal en el mapa de la música argentina, y que ese lugar esté indisolublemente ligado a una idea determinante de autenticidad, es sin duda una proeza cultural sobre la que vale la pena seguir reflexionando. Porque, ¿cuánto de tradición y cuánto de invención hubo en ese juglar argentino que pareció encarnar como nadie un género en su totalidad? ¿Fue Yupanqui un fiel intérprete de diversos regionalismos arcaicos –que sin su mediación se hubieran perdido irremediablemente–, o agregó de su cosecha marcas bien definidas, finalmente aceptadas por todos como genuinamente folclóricas?
No hace falta recordar que Yupanqui tuvo una vida agitada, impulsada por una compulsión al viaje, a la errancia, a dejar aquello que se había conquistado no sin dificultades a cambio de un sentido gaucho de la libertad. En efecto, el hombre viajó por todo el país y luego por el mundo. A veces perseguido, otras por mera elección. ¿Qué buscaba Yupanqui? ¿Tras qué tesoro intangible se movieron el joven de Pergamino, el hombre de Tucumán y todo el Noroeste, el viejo argentino de París? El poeta se lo preguntaba en “El andar”: “A veces no comprendo / mi rodar por el mundo. / Este medir la tierra y el camino / y el mar... / Esto que siendo simple, / se ha tornado profundo. / Voz que ordena a mi paso: / más allá, más allá...”.
(...) Al comprender a Yupanqui quizá nos adentremos más certeramente en el tumultuoso y contradictorio país que lo ignoró, aplaudió, persiguió, volvió a aplaudir y finalmente glorificó. Yupanqui es un tema inagotable. Nos enfrenta a diferentes épocas y ámbitos de la Argentina, así como a sus rajaduras sociales y políticas. Nos obliga a escuchar, entre el placer y el dolor, aquello que la baguala lamentó al cielo y la milonga meditó de cara al horizonte. Nos vuelve a nosotros, hijos de la modernidad, más viejos, recordándonos que alguna vez fuimos silvestres y nómades. Que tal vez sea cierto aquello de que “el que se larga a los gritos, no escucha su propio canto”.

viernes, 25 de mayo de 2012

TRES DE FEBRERO: JOSE VALLE Y SU VISION DEL 25 DE MAYO

JOSE VALLE
Hoy recordaba cuando uno empieza la escuela, y aprende lo que significa el 25 de Mayo, festejar el Día de la Patria, el día en que empieza el camino a la independencia argentina. Y empieza a aprender a reconocer a los patriotas, esos hombres a los que todo les parecía posible y le ponían el pecho a las balas y la mente y el corazón a las ideas
”Destaco el rol de Mariano Moreno, Belgrano y Castelli. Tenían ideas solidarias, ideas de un país justo y vivible para todos y todas.
 Levantaban las banderas de la igualdad, de la distribución de la riqueza, de la solidaridad.

En este momento de la historia, debemos volver a levantar esas banderas. Este 25 de Mayo no es igual a los de la dictadura, o a los 25 de Mayo del corralito, el corralón. Hoy debemos levantar las banderas del trabajo, la inclusión, la justicia, la solidaridad. Para el cierre  les dejo una frase del poeta y político cubano José Martí, que le enseñó a su hijo Bautista: “Ser justos para ser libres”

Vicente Massot:"La naturaleza de la derrota que sufre el régimen militar es no poder sostener la batalla de la historia"


La violencia ha sido una industria próspera en la Argentina. Hay demasiados datos a lo largo de la historia que confirman que la combinación de muerte y de odio, a menudo fogoneada por las ideologías, fue una forma de dirimir conflictos, de tratar de imponer un pensamiento, de anular al oponente, de hacer política. El mismo Vicente Massot, director del diario La Nueva Provincia, que acaba de reeditar su libro Matar y morir. La violencia política en la Argentina (1806-2011) , admitió  que en los años setenta él era secretario de redacción de la revista de ultraderecha Cabildo y que no estaba precisamente en las filas de los moderados: en aquella época, destacó, “todos reivindicábamos la violencia” y “nadie creía en la democracia”.
¿Por qué hubo tanta sangre derramada por motivos políticos en nuestro país desde 1810? Massot dedica su libro a tratar de encontrar algunas respuestas e incluso en la flamante tercera edición de su obra le agrega un epílogo, “Las violencias desideologizadas”, como llama a las provocadas por la delincuencia. Pero son sus reflexiones sobre el uso de la violencia como una herramienta política las que generan mayor polémica, en especial cuando analiza la última dictadura militar: Massot critica “los errores y los horrores” cometidos por las Fuerzas Armadas, pero tiene una mirada comprensiva del golpe del 24 de marzo de 1976 y el hecho de que el Estado “termine adoptando métodos clandestinos” para entablar “una guerra contra el terrorismo”.
Profesor de historia en el doctorado de Ciencia Política de la UCA y ex viceministro de Defensa de Carlos Menem, este politólogo puede desconcertar a más de uno. Por un lado, es el que reconoce que empezó a confiar más en la democracia en la facultad, cuando dejó los “textos militantes” y comenzó a leer a Aristóteles, Hobbes y Marx; es el que considera que la tortura “es aberrante” y que la última dictadura “fue uno de los peores gobiernos que tuvo este país”.
Pero, por el otro, es el que reconoce vínculos muy estrechos con los militares carapintadas durante el alfonsinismo, que no cree que el fin justifique los medios, pero se pregunta si “alguien conoce una guerra en donde uno de los bandos haya decidido perder por no violar un derecho” y que, en ese mismo sentido, afirma: “El ser humano es peligroso porque tiene que moverse en una esfera en donde, para ganar, muchas veces tiene que utilizar métodos en teoría inaplicables”.
-En su libro usted sostiene que en la última dictadura hubo un triunfo militar contra el terrorismo, pero, al mismo tiempo, una derrota cultural. ¿Puede explicar esto?
-Los militares no entienden la naturaleza de la guerra de los años 70 y no se dan cuenta de que es básicamente cultural. Es un caso muy curioso, pocas veces visto en el mundo, en donde quien gana la contienda militar pierde la batalla por el relato, como se diría hoy. No es que haya perdido la guerra cultural porque, en definitiva, las izquierdas revolucionarias no ganaron, fueron derrotados aquí y después en el mundo. La naturaleza de la derrota que sufre el régimen militar es no poder sostener la batalla de la historia. Es decir, ¿qué es lo que se cuenta? ¿Cuál es la historia verdadera? La historia verdadera parece ser que los militares fueron el demonio. En circunstancias muy distintas pasa algo similar en el caso de unitarios y federales. Rosas triunfa durante 25 años hasta que es derrotado en Caseros, pero después la historia se vertebra sobre el eje de que él era el demonio que había que exorcizar.
-¿Pero en esta pérdida del relato no influye el hecho de que los militares usaron métodos aberrantes para combatir al terrorismo, de que la mayoría de la sociedad los rechaza porque secuestraron, hicieron desaparecer gente, torturaron, se apropiaron de bebes?
-Son aberrantes, pero eso entra dentro del terreno de la estrategia que se utilizó. Uno puede usar la estrategia más aberrante y, sin embargo, imponer su relato. ¿Qué cosa hubo, en términos de un régimen terrorista, con mayor éxito, más extendido en el tiempo, que el stalinismo? Sin embargo, impuso sus criterios en 1945 y fue defendido por buena parte de la intelectualidad occidental hasta después de la muerte de Stalin.
-¿Esto equivale a ni siquiera reconocer errores de los militares?
Sin duda que hubo errores y horrores. En el capítulo referido a ese tema en el libro se dice que eso es lo que sucede en una guerra civil y sucia: el enemigo siempre es criminal. Y que esos errores y horrores son una particularidad de toda guerra civil y sucia. Eso no es un exceso de los argentinos: es la regla, no es la excepción. En general, cuando hay guerras ideológicas, irregulares, civiles y sucias, el Estado termina adoptando métodos clandestinos, sobre todo en países con instituciones muy débiles.
-Alguno puede pensar que usted cree que el fin justifica los medios?
-No es que el fin justifica los medios. En política nadie va a decir que el fin justifica los medios, pero en general todos creen que tienen derecho a hacer una excepción. ¿Alguien conoce una guerra en donde uno de los bandos en lucha haya decidido perder por no violar un derecho? ¡Que me expliquen un solo caso en la historia! No existe. Ahora, ¿el fin justifica los medios? No, pero estamos en el deber ser. Cuando Churchill y Harris deciden aterrorizar a Alemania y destruir ciudades enteras con bombas de fósforo que no tenían ningún interés estratégico, ¿eso es o no es utilizar cualquier método? ¿Por eso diríamos que Churchill es malo? No creo en la neutralidad, sino en la seriedad. Cuando Truman decide tirar la bomba en Japón, ¿Nagasaki e Hiroshima tenían una importancia estratégica? Esto no intenta justificar a uno u otro. El ser humano es peligroso. Y tiene que moverse en una esfera en términos políticos en donde, para ganar, muchas veces hay que utilizar métodos en teoría inaplicables. Nadie va a enunciar que el fin justifica los medios. En general, todos en algún momento lo hacen.
-Cuesta aceptar que el ejército sanmartiniano se haya transformado en una fuerza irregular como el enemigo, desde el Estado y al margen de la ley.
-El tema es que las guerras se han hecho mucho más crueles porque se han ideologizado. San Martín no apela a métodos terroristas, sí en cambio Bolívar. Los casos de lo que sucede en las luchas por la independencia y en los virreinatos de Perú hacia el Norte no tiene nada que ver con lo que sucedió de Perú hacia el Sur. Ahora, la violencia del mundo contemporáneo llega a topes tremendos justamente porque está asentada en una ideología, y cuando una ideología es redentora son religiones laicas que se arrogan el derecho de transformar la historia en una lucha entre réprobos y elegidos, ángeles y demonios?Y bueno, llegás a límites escalofriantes.
-¿Por qué en la Argentina, a diferencia de otros países, cuesta tanto superar los odios vinculados con la violencia política? ¿Quizá porque todavía no se hizo justicia?
-No diría que es por la falta de justicia. Tampoco sé si lo que se está aplicando se puede llamar justicia: hay una asimetría grosera entre el olvido respecto de unos crímenes y la presencia de otros a la hora de juzgar conforme un criterio que solamente existe en la Argentina, la idea de que hay unos crímenes que son de lesa humanidad y otros que no lo son. Si uno hace una comparación con otros países de la América española, donde hubo guerras civiles similares, la dimensión, la crudeza, que hubo en la Argentina fue mucho mayor y, por lo tanto, los odios siguen todavía a flor de piel. Aquí hay todavía una guerra civil intelectual, es muy difícil entablar una discusión histórica sin odios.
-Al escribir su nombre en Google, aparecen cosas tremendas. En muchos sitios lo consideran un exponente de la derecha más recalcitrante. ¿Siente orgullo, vergüenza?
-No, vergüenza no. Orgullo tampoco porque esas acusaciones han sido levantadas por aquellos que no entienden que la guerra civil de la Argentina, la de los años 70 se terminó. Invito a que alguien encuentre en mis libros un adjetivo calificativo. No me interesa levantar patíbulos, fulminar condenas, decir quién tenía o a quién le faltaba la razón. Tengo mis ideas políticas, pero, en términos del ensayo histórico, nunca nadie podrá decir que he sido un fanático, un dogmático o que transparento una ideología.
-Muchos recuerdan cuando tuvo que dejar el viceministerio de Defensa, durante el gobierno de Carlos Menem, por haber reivindicado la tortura.
-No, eso es un invento de Página 12. Yo dejé el cargo porque se suscitó un problema con los ascensos de Rolón y Pernías, alguien tenía que asumir la responsabilidad y yo le dije al doctor Camilión que dispusiese de mi cargo. Días después me hacen un reportaje en Página 12, en donde lo que había dicho no era lo que apareció, y mucho menos el título. Por supuesto mandé una carta que nunca me publicaron, corrió como reguero de pólvora y eso quedó en alguna gente que, básicamente, lo repite desde la izquierda.
-¿No reivindica la tortura?
-No, por supuesto que no. Es aberrante, nadie puede justificarla. Sería un disparate reivindicarla. Hasta sería una torpeza decirlo, aun cuando creyese que es válida.
-Sí reconocerá que tuvo vínculos muy fuertes con los carapintadas?
-Tuve, sin duda, un vínculo muy estrecho. En general tuve mucha más relación con la gente de Rico que con la de Seineldín.
-Otro punto polémico, porque protagonizaron asonadas con intenciones golpistas.
-Bueno? habría mucho que decir. Ciertamente fue una insurrección contra el jefe del Estado Mayor de ese momento?
-Es decir, contra el comandante en jefe, que es el presidente de la Nación?
-Sí? (medita unos segundos). Pero nadie quería voltear al gobierno de Alfonsín. A nadie se le pasó por la cabeza tamaña osadía. Sí pretendían imponer una conducción que remediase un tema que clamaba el cielo: Ríos Ereñú, que era el jefe del Estado Mayor del Ejército, que había tenido participación activa en el Operativo Independencia era impoluto y se estaba juzgando a tenientes primeros? Un disparate. Al radicalismo se le avisó de mil maneras distintas que esa situación iba a explotar; hicieron oídos sordos y sucedió lo que era lógico que sucediese: un día alguien dijo “no me presento” [ante la Justicia].
-Hay otra parte controvertida de su historia: la revista Cabildo.
-En 1972 fui el primer secretario de redacción de Cabildo . Estuve hasta 1975. Yo tenía entonces 18 años y mi militancia en el nacionalismo católico nos llevaba a abrazar ideas muy opuestas, pero, en términos de la reivindicación de determinados tipos de violencia tan acusadas como las de la izquierda revolucionaria, forma parte de mi pasado. Nadie puede excusarse y decir: “Yo nunca reivindiqué la violencia”. Al contrario, todos la reivindicábamos. Ahora, había una diferencia entre reivindicarla y pegarle un tiro en la cabeza a un enemigo. Cabildo era beligerante, pero nadie formaba parte de un ejército clandestino que reivindicaba el derecho a matar a un enemigo por no pensar lo mismo.
-Era una revista de contenido antisemita: alertaba sobre la conspiración judía mundial o la complicidad del judaísmo con el comunismo, por ejemplo.
-Se reivindicaban muchas cosas, obviamente. Era una revista absolutamente militante? No era pluralista. Había opiniones de todo tipo, tamaño y color.
-Pero tampoco creaban un clima de tolerancia, sino todo lo contrario?
-No, a la democracia no eran favorables, por supuesto. Hay artículos con los cuales hoy no coincido para nada. Pasaron 40 años, pero todas las revistas políticas de la época, como Cabildo El Descamisado El Caudillo Militancia , tenían un común denominador: nadie creía en la democracia. Nadie hacía referencia a las instituciones de la República. La idea es que había una guerra.
-¿Y usted cuándo empezó a confiar más en la democracia?
-No recuerdo? Diría que años después, cuando dejé los textos militantes y me dediqué con más ahínco y seriedad a estudiar textos para la cátedra a la cual entré en la UCA, en 1978, de historia de las ideas políticas. Las lecturas militantes no servían para nada y había que meterse con Aristóteles, Hobbes, Marx. Al estudiar esos temas me di cuenta de las barbaridades que reivindicábamos. Lo que hacíamos era militar, no pensar.
-¿Le molesta que lo llamen “facho”?
-No, porque la acusación viene como un insulto. Y el que insulta no piensa. Si alguien me dijera: “Usted es un representante del pensamiento fascista o nacionalista”, y me lo explicara y yo creyera que tiene razón, diría: “Bueno”? Pero cuando a uno lo insultan y le ponen una etiqueta, ni me va ni me viene. Es tan ridículo pensar que en el tercer milenio uno puede ser fascista.
-¿Está seguro de que no existen hoy formas del fascismo?
-Es una discusión demasiado larga. Hay distintas formas de marxismo. Ahora, fascismo, salvo células? eso se acabó. Claro, si el fascismo es la defensa del capitalismo, como dicen algunos marxistas, o la defensa de determinados países en determinadas circunstancias, está bien? Ahí entramos en el camino del fascismo como argumento descalificador de la izquierda a cualquiera que no piensa como él. Me pueden decir lo que quieran. Creo en determinados valores asociados con una tradición, con un pensamiento conservador. Mi personaje preferido de la historia es el príncipe de Bismarck, no es Benito Mussolini.
-A partir de la derrota cultural de la dictadura de la que hablamos, debe de ser difícil para usted salir a la calle y formar parte de una minoría tan políticamente incorrecta?
-Los únicos interesados en seguir esta discusión son cenáculos minoritarios, muy ruidosos, con muchos medios, que generalmente reivindican la lucha armada y las organizaciones socialistas de los años 70. Fuera de eso, la Argentina tiene demasiados problemas para seguir discutiendo eso. No soy un abanderado del Proceso. Fue uno de los peores gobiernos que tuvo este país. Es más: la responsabilidad de la decadencia argentina es de la sociedad, pero si uno tuviera que marcar hitos de esa decadencia, aquellos que tuvieron más poder son mucho más culpables. ¡Cómo voy a comparar la responsabilidad del Proceso, que tuvo derecho a la vida y muerte de las personas, con la de José María Guido o la de Arturo Illia! El Proceso fue una catástrofe desde el punto de vista político. No tengo por qué defenderlo.

miércoles, 23 de mayo de 2012

SOLEDAD ESPINA Y SU FIRME POSICION CON RESPECTO AL COPROTUR


 La concejal Soledad Espina (FPV), dio claros y contundentes  detalles de las actividades y  las erogaciones del Coprotur durante el año pasado, advirtió que el consorcio fue creado por el Concejo Deliberante, y sus considerandos, redactados por los ediles.
     "El Ejecutivo tomó la ordenanza y conformó el organismo que comenzó a realizar eventos vinculados a la promoción y proyección del turismo en Bahía Blanca, teniendo en cuenta que en nuestra ciudad no hay montañas, no hay playas ni termas, y la manera de promocionar el turismo es mediante ferias, fiestas y eventos deportivos", opinó.
     Dijo que el CD tiene dos representantes en el ente, que son ella y Cristina Molina (Unión Pro) y que, junto al resto del directorio, decidieron qué gastos efectuar y cuánto pedirle de subsidio a la comuna.
     Sobre dichas erogaciones, comentó que los 14 millones de pesos que se imputan en gastos, equivalen al 2% de los recursos de libre disponibilidad de la comuna, que en 2011 fueron 467 millones de pesos.
     "Se buscó fomentar el turismo con actividades gratuitas, cuyos costos eran altos. Y si, traer artistas de la altura de Spinetta, de Cordera o un mundial de vóley tiene un costo, pero es el 2% del presupuesto comunal, no me parece un número escandaloso como lo han planteado", todo este huele a “chicanas” políticas, expreso.
     Finalmente, aclaró que el intendente Gustavo Bevilacqua no ha destinado dinero al Coprotur en 2012, teniendo en cuenta la política de reducción de gastos en el marco de la "sintonía fina" que también existe en los gobiernos nacional y provincial.

lunes, 21 de mayo de 2012

Scioli: "Con CFK hablamos más de lo que saben"


En un día particularmente complicado (huelga de subtes y marcha ruralista en La Plata) el jardín de la hermosa casa que el arquitecto Bustillo diseñó en los años 50 parece más que nunca un remanso, un jardín eternamente florecido aún con su ropaje de invierno. Y, entre dos cafés, una larga conversación con el gobernador Scioli. Un hombre reservado, dueño de sí mismo. ¿Inasible?
—Si a usted le preguntaran “¿cómo es un tipo que se llama Daniel Scioli?” ¿cómo lo describiría?, ¿alegre?, ¿triste?, ¿melancólico? ¿Le gustan el cine, la pizza, charlar con amigos?
—Soy inquieto. Muy exigente, y no me gusta perder el tiempo –explica el gobernador–. No sé si por ascendencia italiana, pero me encanta comer pasta. Como pasta todos los días. Al almuerzo, por la noche... En general soy optimista, le veo el lado bueno a las cosas.
—¿Es un tipo obsesivo? ¿Duerme bien de noche?
—Sí, duermo bien. Soy muy ordenado en mis horarios y soy un buscador permanente de la eficiencia. Me exijo mucho a mí mismo. También a los que me rodean. Siempre trato de buscar la excelencia en cada cosa que me rodea. Por otra parte, soy familiero, muy familiero, y busco mis tiempos para cada cosa. Si mi hija necesita un tiempo para estar conmigo o pedirme algún consejo… Lo mismo con mis hermanos. Por supuesto, con Karina. Me aferro mucho a los afectos de siempre. Los necesito anímica y espiritualmente. Y muchas veces para tomar fuerza e ir para adelante repaso mi vida y lo que me pasó. Tengo un lugar con todos los recuerdos; cuatro o cinco veces por semana ceno ahí y no dejo de mirar cada rincón, cada cosa y me digo: “Uff, la pucha... Tengo que estar agradecido a Dios… ¡con las cosas que me han pasado y las oportunidades que he tenido…! Poder ir superando y creciendo”. Uno es el fruto de muchas cosas.
—Efectivamente: ha logrado superar un montón de problemas. Yo lo miraba ayer, gobernador, en la inauguración de los chocolates de Kraft…bueno, era un momento difícil, ¿no? Usted se encontraba con la Presidenta después de muchos días de no hablar, de no verse. Qué sé yo... usted estaba muy tranquilo pero también muy serio.
—Soy serio. La seriedad es el sentido de la responsabilidad, y tengo sentido del humor cuando hay que tenerlo. Yo, con Cristina, tengo una relación de afecto, de respeto… eh… y de compañerismo de muchos años. Nos conocemos mucho. Por lo tanto, han sido diez años muy intensos tanto en mi vida como en mi carrera política junto a ella, ¿no? Entonces, en ese camino, como en todo vínculo hay distintos tipos de alternativas, pero prevaleciendo siempre la buena fe y las buenas intenciones y la sinceridad, y… además, hablamos más de lo que se sabe.
—Bueno, pero para los que miramos la cosa de afuera, en 2003, por ejemplo, daba la sensación de que usted era muy amigo de Néstor, ¿no?
—Yo lo conocí a Néstor el 13 de enero de 2002. Era mi cumpleaños y estábamos pensando con Karina y Lorena dónde pasarlo. Ellos, los Kirchner, me sugirieron ir a Calafate. Con Cristina éramos compañeros en la Cámara de Diputados y entonces, cuando llegué, muy amablemente me dijo: “Quiero que conozcas a Néstor”. Pasamos una noche muy linda. Les retribuí esa atención invitándolos a nuestra casa en el Abasto y allí empezó a forjarse una relación que inspiró la confianza de él. Hasta el punto de que me convocara para ser su vicepresidente, ¿no? Yo estaba muy lanzado a la Jefatura del Gobierno porteño pero entendí que, en ese momento, era muy importante acompañarlo. Poder sumar lo que yo, en ese momento, podía aportar, hacer. Y así fue. Y como todo vínculo, como la vida, como los amigos o con la pareja, toda relación necesita su tiempo de maduración. Por eso lo que se percibía al principio como dificultades, luego, con el tiempo, se fue consolidando cada vez más. Eso me ha pasado muchas veces. Por ejemplo, con mi copiloto. Un tano rabioso que, al principio, se llevaba mal conmigo hasta el punto de que pensaba que nunca más iba a correr con él. Pero, al final, terminamos siendo campeones del mundo, los dos en la misma lancha. Qué sé yo... Las cosas que me pueden haber pasado tambien con amigos… Por eso, cuando se habla de mi relación con Gabriel yo también digo “bueno, el tiempo va a ir acomodando las cosas…”. Yo siempre creo en eso, y la experiencia.